lunes, 23 de abril de 2012

Indignado me siento cuando, utilizando el poder de influencia en el pensamiento desde los "mass media", pretenden hacernos creer que los servicios públicos son un regalo. Es más, pretenden hacernos creer que son un parabien que los pudientes tienen con los ciudadanos corrientes. Nada más lejos de la realidad ya que, claro está (o debería estar) la financiación de dichos servicios públicos sale de los impuestos que todos (y repito, todos) pagamos. Bien sobre la renta obtenida (progresivamente) o indirectamente al comprar cualquier artículo para consumo, el pan por ejemplo.
Es un principio sencillo, "la unión hace la fuerza". Aplicado quiere decir que si juntamos nuestros recursos disponibles obtendremos metas más alejadas.
El error quizás provenga del origen de la recaudación de los impuestos actuales, antiguos diezmos, tributos o derechos medievales y anteriores. Recaudación ejercida por reyes, señores feudales, iglesia, caciques y otros estamentos situados en el rango de élites. Para atender algunas peticiones del pueblo se instituyen las obras benéficas. Son éstas las que se irán transformando en derechos conquistados por los ciudadanos de las diversas revoluciones más recientes. Subyace por tanto ese sentimiento de beneplácito de los ricos hacia el general de sus congéneres.
Hoy ya no es así. Todos ponemos y bien gestionado obtenemos el beneficio cuando lo necesitamos. Sin otros intereses que interfieran.

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