domingo, 3 de marzo de 2013

Indignado me siento cuando a la juventud no se le ofrece alternativa, o mejor dicho, sólo se la lleva por el camino del "aburramiento". Es necesario que no aprendan a pensar, es necesario que ediles y gobernantes cuenten con ellos como fieles seguidores de la religión del consumismo sumiso para seguir llenando sus bolsillos a costa de matar sus neuronas, su creatividad, su orgullo, su dignidad. En plena edad de formación de la personalidad se les abandona en la más absoluta indiferencia, se destruye su ilusión por el futuro, se les ponen obstáculos donde deberían encontrar ayuda y motivación. ¿Qué respuesta esperamos de esta juventud? ¿Tendremos derecho a quejarnos de su comportamiento en el futuro?

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