martes, 14 de agosto de 2012

Indignado me siento cuando se acusa de ladrón a quien roba para comer. También cuando quién lo hace es el dirigente acomodado y con los bolsillos llenos de lo que le aprovecha su cargo. No se puede justificar que se tome la justicia cada uno por su cuenta pero es simplemente comprensible. Pero más indignante es que quien levante la voz para acusar sea el vecino, el compañero, el igual, creyéndose superior porque se cree tocado por la mano divina, "esto no es para mí, yo no soy así". Pero se habrá de verdad preguntado hasta qué punto llegaría en su caso. Aunque lo haya hecho no conocerá la respuesta, nadie sabe de lo que es capaz hasta que está en la situación. Y el colmo de la indignación es que además el acusador sea premiado por el dirigente que maquillado de padre protector del bien común sólo utiliza el poder y es sistema para beneficio propio. Hay veces que uno piensa que en cada plaza de cada pueblo debería instalarse una guillotina como aviso de lo que una vez hizo el pueblo contra sus dirigentes y así alguno tal vez se lo pensaría más antes de actuar.